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Un hombre está tocando tu pecho. Sé lo mucho que te gusta eso. Es una especie de interruptor de encendido para ti (del que me chifla abusar) y sé que tu coño está empapado, ya que te retuerces de manera lenta bajo sus manipulaciones. Tus ojos se cierran mientras que las sensaciones te anegan , si bien quieres continuar observando a la mujer gritona y hermética que tienes delante. Ella está tomando una gran poronga en su culo en este momento y aparentemente no tiene la posibilidad de tener bastante.

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Entonces comenzó a besar su cuello, a morder un tanto y a chupetear suavemente , cada vez que mordía, apretaba sus dos pechos y cuando chupaba, masajeaba un poco con la mano, dibujando círculos alrededor del pezón. Podía sentir calor entre sus piernas, pero no era solo de ella, era más bien de él, sus jugos habían goteado sobre él, empapando sus bóxers, se apretó contra él con fuerza , casi haciendo que la penetrara por medio de la lona.

En el momento en que me desperté con el sonido de un helicóptero Blackhawk volando sobre mí, me puse poco a poco de lado y me encontré prácticamente cara a cara con la comandante de mi batallón, la teniente coronel Samantha Blackburn, que estaba tumbada en la cama a mi lado. Tenía los ojos libres , estaba despierta y ambos estábamos completamente desnudos. Tardé varios instantes en recobrar la orientación y rememorar dónde se encontraba y todo lo que había ocurrido la noche previo.

Y ahí es donde reanudamos nuestra historia. Nuestros cuerpos desnudos se apretaron tal y como si nuestra cama fuera un cajón de plata. Maya se acurrucó tras mí, intentando de meter sutilmente el arma más nueva y mucho más grande de su armamento -un miembro de 20 centímetros de color carne con 2 testículos firmes- en el mío. Empezamos de espaldas, con unos cuantos dedos y bastante lubricante. Después de un rato, me consideró listo, me dio una palmada en la nalga izquierda y me mencionó que me pusiese de lado.

Volvió a agacharse y, desde donde yo se encontraba escondido, la vi abrazarse al del costado del tractor de la cargadora como si fuera su único protector. ¿Quién está ahí? ha dicho por último , asomando sólo su frente por encima del capó del tractor. El dueño de ese gas que estás robando. No lo estoy robando. ¿Ah, sí? Lo que tú llamas lo que estás haciendo. Estoy. Estoy. Estoy. Andas robando gasolina, eso es. No, no lo hago. Solo la estoy tomando prestada. Mierda de toro, pequeño ladrón de gasolina.

Jason se puso un par de pantalones cortos frescos y le puso la mano cerca de la cintura. Entonces regresaron a su tienda y comieron algo de comida enlatada en tanto que les daba pereza cocinar algo. Más tarde , durante la noche , ella hizo que le quitara el tapón del culo después de despojarlo de los calzoncillos. Rebecca entró en su tienda y sacó de su bolso un consolador doble y una botella de lubricante. Llamó a Jason en la tienda y ambos se sonrieron.

Te dije que era un bicho extraño. ¿Sé cómo elegirlas o qué? Marisa prosiguió chupándome la polla y lamiéndome los huevos hasta que no pude mucho más. Me corrí, salpicando mi ardiente semen varonil por su bonita cara. Ella se sorprendió un poco por ello , pero comenzó a chupar el semen de mí con entusiasmo. En escaso tiempo tenía mi poronga y mis pelotas vacías. Suspiré de puro placer y la felicité por su talento. Esta mujer era terminantemente algo mucho más.

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Como no quería que me atraparan, apagué el equipo y salí de la oscura habitación. En mi estudio, empleé un rotulador mágico para redactar un pequeño letrero que colgaría en la puerta primordial y que afirmaba : Entra y siéntete como en casa. Si tiene alguna duda, estoy detrás -Sam Johnson. Lo colgué en el pomo de la puerta y salí a la parte de atrás con una jarra de té helado y una pequeña nevera de cocas. Me senté en una pequeña mesa que había colocado justo a la vera de la puerta de corredera.

Tras unos momentos de reflexión, el propietario se aproxima. Semeja darse cuenta de que hay algo más. Me afirma con voz inexpresiva, ignorando la presencia de esta joya, que voy por buen sendero al comprar la manguera de goma y que debo azotar su trasero, un golpe por cada minuto de retardo. Luego , si se porta bien con el castigo, debería consolarla usando su coño y su culo.

Stacy siempre había sido preciosa y, francamente , me sorprendió un tanto cuando aceptó aquella primera cita conmigo en el instituto y mis amigos se hicieron eco de ese sentimiento, en voz alta. Ahora , no obstante , todos nuestros amigos nos ven como lo que somos: dos personas que encontraron su alma gemela a una edad muy temprana. Claro, mi alma gemela resultó ser una bomba alta, delgada y rubia con una personalidad burbujeante y los ojos azules mucho más refulgentes que nunca hayas visto, pero no se trataba SOLO de eso.

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El tiempo se extiende mientras espero. Se hace un informe verbal al cliente. Recibiré ciertas piezas esta noche, pero tengo que obtener algo de ferretería. Me indican cómo llegar a una ferretería cercana y a un restaurante que funciona bien. A punto de irme, me acomodo para aguardar. Me pregunto si va a ser tan deliciosa en persona como ha semejado cuando chateamos por Internet. Sonrío a sabiendas de que pronto lo sabré. Se acerca la hora señalada.

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La canción parece terminar demasiado pronto y volvemos a nuestro puesto. Solicitas otra copa y entablas una pequeña charla, apoyándote ligeramente en mí, pero hasta ahí llega nuestro contacto. Quiero sacudirte, o rodearte con mis brazos, o tirarte al suelo y besarte sólo para poder ver si me separas o si eso es lo que has pretendido todo este tiempo. Pero me quedo ahí sentado, observando si hay alguna pista, sintiéndome excitado y fallido al unísono.

Me arrastró hasta el bar más próximo , no es que necesite que me arrastren bastante , y pasamos el más destacable par de horas juntos, riendo, recordando, poniéndonos al día en general y tomando. Inevitablemente , cuando llegó la tarde, otro par de bares más tarde y varios gin-tonics, la charla se volvió mucho más coqueta y nos retiramos a la pequeña salón de arriba del bar de ginebra Misery, con el sol poniéndose por la ventana y el lugar para nosotros.