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Me arrastró hasta el bar mucho más cercano , no es que necesite que me arrastren bastante , y pasamos el mejor par de horas juntos, riendo, recordando, poniéndonos cada día por norma general y tomando. Inevitablemente , en el momento en que llegó la tarde, otro par de bares más tarde y unos cuantos gin-tonics, la charla se volvió más coqueta y nos retiramos a la pequeña salón de arriba del bar de ginebra Misery, con el sol poniéndose por la ventana y el lugar para nosotros.

La rodeé, cerré un tanto las persianas para no espantar totalmente a los vecinos, pero a fin de que entrara lo último de la luz del sol, y me puse delante de ella. Me sonrió mientras que bajaba frente a ella, mordiéndose suavemente el labio inferior, mientras empujaba con suavidad pero con solidez su falda por encima de los muslos hasta rodear su cintura, dejando al descubierto sus medias mientras ella subía las piernas, mostrando sus bragas humectadas.

Era una oportunidad impecable y ella la aprovechó, se agachó y puso los pantalones de él sobre la mesa , con el culo prácticamente en su cara y fingió que empapaba el agua con los pantalones, iba a secarlos de todas maneras. En el proceso abrió un poco las piernas, empezó a moverse hacia adelante y hacia atrás, empapando el agua y gozando del sonido de la rápida respiración del hombre. Podía sentir el aliento acercándose a ella por detrás hasta llegar a su trasero.

Entonces tuve un destello de brillantez. Le aviso que debemos ofrecer la vuelta y buscar alguna dirección. El único sitio es la tienda para adultos por la que acabamos de pasar. Mi pasajera se ríe. Me responde que no es muy probable que la sorprenda. Le digo que tiene que ingresar para que me ayude a proseguir las advertencias. Mientras entramos en el aparcamiento , extraigo su compromiso de venir a asistirme. Entonces ha dicho las expresiones que yo quería oír.

A lo largo de este intérvalo de tiempo de exploración, comencé a sondear su trasero con mi lengua. Comunmente , comenzaba con algo parecido a un masaje de aceite calentado con las manos. Hombros a la espalda, espalda al trasero , las manos apartando las nalgas, la lengua apuntando, rodeando el culo. recorriendo el curso de su rajita antes de sumergirme hasta donde pudiese meterla. (¿hacen alargamientos de lengua?). Esto fue un juego previo entretenido y proporcionó mejores desenlaces , pero todavía no la frecuencia que yo deseaba.

Tomamos mi vehículo para ir al restaurante , un lugar más satisfactorio pero informal. Nos sentamos en una mesa apacible. Mientras analizamos el menú, froto a propósito mi rodilla contra la suya para poder ver su contestación. Quiero tentarla. Deseo atravesar sus muros. En mi cabeza sé que me estoy aprovechando de su deseo de agradar. Voy a llegar hasta donde su naturaleza lo permita. Me tranquilizo pensando que ella gozará siendo castigada por su debilidad.

Ella vuelve a tomar un sorbo casual de su vino y pone una mano tras mi cabeza, tirando de mí mucho más abajo en su polla. Se volvió bastante buena en su rollo de quiere despacio. Los 2 nos divertimos cuando toma el mando, como ha hecho esta noche; no obstante , a ninguno de los dos nos atrae la escena de la dominación ruda, en la que se hiere a los inferiores o se les niega el orgasmo a lo largo de largos periodos. Ella goza del hecho de que yo esté preparada para ofrecerle exitación sin la amenaza de ser forzada y degradada.

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Cuando sus dedos abandonaron el orificio de su trasero y su apretado anillo quedó vacío, algo le ocurrió a Evie. Empezó a sentir pánico. La sensación de vacío la hizo inquietarse y respirar entrecortadamente. Necesitaba algo en su orificio del trasero , lo anhelaba en un nivel básico. Temblando , Evie trató de calmarse y lubricó el tapón. No lo sabía entonces, pero esta primera follada anal marcó el comienzo de toda una exclusiva vida.

Llegó la media noche extendida , y todo fue como si aquí no pasara nada en lo más mínimo , ningún comentario, ningún halago imbécil , o si no que lo hagan, mi mujer se levantó de la cama cubriéndose con la toalla y el tanguita y el corpiño, y se fue al baño a ducharse, yo cumpliendo mi condición de marido cornudo, acompañé al señor Carlos hassta la calle, corto y los tres acabamos. y contentos de desatar el morbo del sexo, que me dejó satisfecho,

Llegó la hora de la comida del sábado y yo estaba en la estación puntualmente, con un par de latas de cerveza para el viaje, y la cabeza llena de pensamientos. ¿Qué aspecto tendría ahora en persona sin el filtro de la lente de una cámara, qué pensaría de mí (además de esto , me había visto totalmente desnudo digitalmente), seguiría siendo la persona encantadora que recordaba cuando estábamos juntos e interactuando en persona en vez de detrás de un display?

Mi poronga comenzó a expandirse y a ponerse recia. Cuando las chicas pasaron a mi lado hacia la casa , la mayor notó que mi herramienta desviste comenzaba a alzar la parte de abajo de mi bata y a verse. Observé de qué forma sus ojos inspectores se abrieron completamente con sorpresa. Entonces me percaté de mi exposición y velozmente me di la vuelta y me cubrí mientras susurraba mis disculpas. La mayor soltó una risa tranquila y miró con un brillo en los ojos mientras que me empujaba hacia los vestuarios.

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Tras unos instantes de reflexión, el dueño se aproxima. Semeja darse cuenta de que hay algo mucho más. Me dice con voz inexpresiva, ignorando la presencia de esta joya, que voy por buen sendero al comprar la manguera de goma y que debo golpear su trasero, un golpe por cada minuto de retardo. Luego , si se porta bien con el castigo, debería consolarla usando su coño y su trasero.

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Un hombre está tocando tu pecho. Sé lo mucho que te gusta eso. Es una suerte de interruptor de encendido para ti (del que me chifla abusar) y sé que tu coño está empapado, ya que te retuerces de forma lenta bajo sus manipulaciones. Tus ojos se cierran mientras las sensaciones te inundan , si bien deseas proseguir observando a la mujer gritona y hermética que tienes delante. Ella está tomando una gran polla en su culo en este momento y aparentemente no puede tener suficiente.

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